La hora de la estrella perdida
Que tiene esa muchacha? Que es lo que tanto me enamora de ella? Despierta en mi una pasión rara (algo que siento, que no quisiera sentir) rara por su forma de actuar, de ser (no se que será, pero el seguir escribiendo de ella me dará una respuesta o les dará una respuesta) ella tiene en su cara el dolor de la vida, ¿pero… cual será ese dolor? ¿Existirá ese dolor?
Es el dolor de aquella que se siente desechada de esta vida, que no puede sentirse amada, su aspecto sucio y desprolijo es solo un disfraz que decidió ponerse algún día (para este humilde escritor mentor de esta muchacha, solo las personas débiles usan este recurso ¿pero… era ella débil? O ¿algo le dio esa debilidad? Cuantas preguntas me hago como autor ¿no?)
La muchacha de piel de porcelana (si, yo debajo de esa piel pálida, veo o puedo imaginar una piel tersa y suave. Menuda ventaja de ser su escritor) Creo que nunca fue débil, solo por aquella hombría comenzó a serlo. Ese ser despreciable (perdónenme por llamarlo ser) si, el arrebato la niñez de su sexo. (Pobre mi niña como no puede salvarte de ese capitulo de tu vida, hoy otro seria tu vivir) ella cargaba consigo con esa humillación, para que seguir viviendo como una niña, si ya lo había perdido en manos o en garras de este animal. ¿Mujer? Que le quedaba como mujer, mas que el hedor a inmundicia en su piel (que bella había sido entonces mi muchacha con sus cabellos rizados, sus mejillas rozagantes. Su pequeño cuerpo disfrutando de su niñez) ahora solo me queda el reflejo de esa muchacha pálida, sucia, humillada que solo muestra temor a vivir.
(No la culpo, pero si supiera que escribo sobre ella ¿me llegaría a amar? ¿Sacaría ese dolor que hay en ella? Solamente siguiendo con mi relato sabré que piensa mi muchacha).
Jesica A Frias 30 de marzo 2010

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